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El área de nutrición de HLA Los Naranjos se centra en la salud, el cuerpo y la mente

María Isabel Rubio Gómez, dietista-nutricionista de Clínica HLA Los Naranjos se incorpora a la Unidad Integral Contra la Obesidad del centro onubense y nos habla de las sinergias positivas y negativas, entre lo que comemos y nuestra psique.

Huelva – 08/09/2021. HLA Los Naranjos cuenta con un área especializada en la salud nutricional donde se lleva a cabo una detallada historia clínica del paciente y su relación con la comida, además de una valoración antropométrica (composición y tipo de cuerpo), planes de alimentación a medida y educación nutricional. Al frente de este servicio está María Isabel Rubio Gómez, formada en nutrición y dietética que aplica conocimientos del ámbito de la psicología para potenciar la eficiencia de sus tratamientos. ¿Cuál es el motivo?

“Mi objetivo principal es la salud y el bienestar del paciente. Por ello no creo en las dietas rápidas con las que no se consiguen cambios, físicos ni psicológicos a largo plazo y que, además, pueden dificultar la adquisición de conductas alimentarias saludables en el futuro. Busco formar al paciente para que pueda conseguir su salud e independencia alimentaria.

Cambiar hábitos no es siempre fácil. En la consulta, tratamos de crear un ambiente donde el paciente se sienta acompañado durante el proceso de aprendizaje de nuevos hábitos, con un plan de alimentación realista, que evite ansiedad y las temidas recaídas. Para ello, estamos en un proceso de formación continuo que nos permite avanzar e incorporar las últimas estrategias en el ámbito de la psicología”.

Una mala alimentación ¿podría ser el síntoma de un desequilibrio emocional?

“Muchas investigaciones indican que existe una fuerte correlación entre alimentación y salud mental, pero aún queda mucho que estudiar sobre este tema para poder afirmar que exista una relación causal directa entre ambas o, al menos, comprender mejor los mecanismos por los que ocurren.

Podemos ver que, ante situaciones de estrés, bajo estado de ánimo, etc., modificamos nuestra forma de comer tanto en cantidad como en el tipo de alimentos que escogemos. En concreto, las situaciones estresantes producen un aumento de cortisol, lo que se ha relacionado con la tendencia a elegir alimentos ricos en grasas, azúcares, sal y calorías, además de consumirlos en exceso. A su vez, un elevado consumo de azúcares conlleva mayores niveles de cortisol, creando un círculo vicioso del que es difícil salir. Sin embargo, otras personas responden a esta misma situación disminuyendo su ingesta diaria”.

Y, lo contrario, ¿una mala alimentación puede afectar a nuestro estado de ánimo?

“Como hemos visto con el ejemplo del cortisol, la relación de lo psicológico y lo fisiológico es, en muchos casos, bidireccional.

También hay otros componentes de los alimentos que participan en la creación de mensajeros químicos del sistema nervioso que influyen en nuestro estado de ánimo. Uno de los más conocidos es el triptófano, precursor de la serotonina, también llamada ‘hormona de la felicidad’, ya que cuando esta aumenta ayuda a producir sensación de relajación, bienestar, regular el ciclo del sueño, el nivel de concentración, digestión, sensación de hambre, etc. Sin embargo, ante niveles altos de estrés, la síntesis de serotonina disminuye.

A nivel psicológico también hay consecuencias, como la falsa impresión de que no somos capaces de controlarnos, lo que genera malestar. Cuanto más repitamos esta conducta más se afianzará esta idea y más nos costará tomar la decisión de cambiar, ya que es muy raro que nos embarquemos en tareas cuyos objetivos no creamos poder alcanzar. No tiene sentido gastar energía y esfuerzo en objetivos que consideramos prácticamente imposibles”.

¿Es posible adiestrar la fuerza de voluntad para seguir una dieta? ¿Cómo?

“Creo que lo primero que tenemos que conseguir para tener la voluntad de cambiar cualquier aspecto de nuestra vida es información: la información nos permite ser conscientes de cómo repercute lo que hacemos sobre nuestra salud y en cómo nos sentimos. Por eso es importante promover este tipo de educación a la ciudadanía en general, pero principalmente en los jóvenes, para evitar que adquieran hábitos indeseados.

En la fuerza de voluntad intervienen muchos factores (ambientales, socioculturales, biológicos, psicológicos). La figura de un psicólogo que acompañe al paciente y le guíe, constituye una ayuda importante para lograr una mayor capacidad de control y persistir en su intento.

Por otra parte, debemos saber que no es aconsejable cambiar todos nuestros hábitos alimentarios erróneos a la vez. Es conveniente ir poco a poco, seleccionando primero los más perjudiciales o significativos e ir abordando otros comportamientos en etapas posteriores. Es importante trasmitir esto al paciente, ya que muchos piensan que la transición de un hábito a otro será algo rápido y al ver que es un proceso más lento de lo que esperaban se desaniman. Empezar por cambios sencillos facilita la adquisición de nuevas conductas y, además, fomenta nuestra autoconfianza y, como hemos visto, nuestro empeño”.

Cuando hacemos dieta, existen etapas meseta donde no vemos resultados y podemos desilusionarnos. ¿Cómo luchamos contra la tentación de abandonar la pauta de alimentación prescrita, cuando es un tratamiento a largo plazo?

“Es normal que cuando te esfuerzas mucho por conseguir algo y no ves resultados sea tentador abandonar, pero al hacerlo, seguramente acabes comiendo de forma descontrolada e inadecuada, de manera que, en poco tiempo podrías echar a perder mucho de lo conseguido hasta el momento. Por tanto, es importante no rendirse con los reveses, y consultar con tu nutricionista para que te ofrezca nuevas estrategias con las que poder avanzar. También es importante que, al embarcarnos en una dieta, los objetivos propuestos sean realistas, es decir, que puedas mantenerlos en el tiempo y prevenir así posibles frustraciones en el futuro y la tentación de abandonar a las primeras de cambio al no conseguir resultados instantáneos. Buscar en internet nuevas ideas para cocinar teniendo en cuenta las pautas que te ha dado tu nutricionista, modificar un poco el ejercicio que realizas, cuidar tus horarios y horas de sueño son, por ejemplo, algunas de las cosas que puedes hacer para salir de esa meseta”.

Otra situación habitual que comenta la gente que se pone a régimen es la aparición del mal humor que nos sobreviene con la merma de ingesta calórica ¿Existe algún truco para evitar esto?

“Sí. Como hemos comentado, es aconsejable cambiar progresivamente tus hábitos en lugar de hacerlo de forma brusca. Así, iremos consiguiendo logros que compensarán el esfuerzo que vayamos realizando además de ir acostumbrando el cuerpo poco a poco a una menor ingesta de azúcares, que es el cambio que más nos suele afectar anímicamente.

También podemos incrementar el número de ingestas que hacemos al día, lo que no significa necesariamente mayor consumo de calorías. De esta forma conseguiremos reducir la ansiedad y las ganas de picar entre horas y, por tanto, el mal humor que lo acompaña.

Por otra parte, una dieta equilibrada,que nos aporte todos los nutrientes que necesitamos para el funcionamiento óptimo de nuestro cuerpo, es fundamental.  Como hemos visto, la falta de algunos nutrientes también puede afectar al estado de ánimo y, este de nuevo, como en un círculo vicioso, a nuestra alimentación”.

Eres parte de la Unidad Integral Contra la Obesidad. ¿Hasta qué punto es importante que el entorno del paciente ofrezca apoyo real para seguir con el tratamiento prescrito, ya sea para evitar llegar a una cirugía bariátrica, o antes y después de hacérsela?

“La familia y el entorno más cercano pueden funcionar como factor protector o predisponente. La cirugía bariátrica da buenos resultados para perder peso, pero para mantener estos resultados ha de modificarse el estilo de vida, lo que será más o menos fácil según el estilo de vida que tengan las personas con las que nos rodeamos su apoyo, o hasta qué punto se impliquen para ayudarnos en nuestros objetivos.

Si las personas con las que conviven le acompañan y cambian también su alimentación no sólo ayudarán al paciente, sino que se verán favorecidas por obtener nuevas rutinas y cambios alimentarios más saludables.

Además, los que nos rodean nos sirven como modelos conductuales, si creamos un círculo cercano de personas con hábitos similares a los que queremos obtener o que estén en ello, nos ayudará. El apoyo anímico, o que muestren confianza en el paciente, son otras acciones que le facilitarán el proceso”.

¿Sucede con la alimentación lo mismo que en otros hábitos poco saludables, que los tenemos para ‘encajar’ en el grupo?

“En la alimentación influyen diversos factores: cultura, religión, situación económica, educación, etc. Pero también las personas de las que nos rodeemos pueden interferir o beneficiar, en mayor o menor medida, sobre cómo comemos y no sólo cuando lo hacemos en compañía sino también en solitario. El humano es un ser social por naturaleza, y al igual que ocurre con otras conductas, al comer en grupo modifica su comportamiento alimentario respecto a cuando lo hace en solitario.

Por ejemplo, podemos comparar cuánto y qué comemos según se dé una u otra circunstancia y, seguramente, la mayoría estará de acuerdo en que los platos son más elaborados si preparamos una reunión con amigos o familiares en casa, que cuando los preparamos para nosotros mismos. Igualmente, varía la cantidad y la velocidad a la que comemos en función de quién nos acompañe. No es lo mismo comer con tu familia que con extraños, tu jefe, etc. De la misma forma que se dan estos cambios más o menos puntuales, nuestro entorno puede influir (aunque también intervienen otros factores) en la aparición de conductas más preocupantes como son los trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia, etc.), alcoholismo, etc.”.

Últimamente escuchamos hablar mucho del aumento de los problemas de alimentación desde la aparición de la pandemia ¿esto a qué se debe?

“La pandemia y, en concreto el confinamiento, han tenido consecuencias a nivel psicológico en muchas personas. A todos nos ha afectado de alguna manera y ha cambiado algunas de nuestras costumbres, sobre todo si tenemos en cuenta que España es un país culturalmente muy sociable. La pandemia también nos ha afectado laboral y económicamente. La incidencia de ansiedad, depresión, estrés, etc. ha aumentado y se prevé que esta situación nos acompañe durante un tiempo.

Como hemos comentado anteriormente, las emociones influyen en la forma en que comemos, pero también son factores predisponentes la escasa formación nutricional de la población (para saber escoger los alimentos de forma razonable) o psicológica (para saber cómo afrontar nuestros problemas). Una prueba de ello es el hecho de que durante el confinamiento se produjo un boom de la repostería en casa, en lugar de intentar preparar platos realmente sanos”.

¿Qué otros factores pueden influir sobre nuestro modo de comer?

“Existen otros aspectos psicológicos que se han estudiado en relación con el logro del cambio de hábito alimentario como el locus de control o la autoeficacia.

El locus de control hace referencia a las creencias personales acerca del grado de control que se tiene sobre cualquier cosa que nos ocurra en la vida y se diferencia, en base a esto, en dos tipos: locus de control interno, o personas que creen que lo que les ocurra se debe a sus acciones y, por tanto, tienen mayor capacidad de actuar en consecuencia,  y locus de control externo, que son personas que piensan que los acontecimientos no se deben a sus propias acciones sino a la casualidad, suerte, etc., lo que les lleva a ‘dejar estar’ sus problemas por pensar que no pueden hacer nada contra ellos.

Los estudios indican que quienes poseen predominantemente un locus de control interno tienen mayor probabilidad de alcanzar el éxito en el cambio conductual. Por ello, lo ideal es saber enfrentar cada situación siendo consciente de nuestro papel en ellas: habrá momentos en los que podamos intervenir para solucionar la situación, y otros en los que no podamos hacer nada para modificarla; en este último caso solo quedaría actuar sobre nosotros mismos y, de esta manera, aprender de ello.

Por otra parte, la autoeficacia percibida podría definirse como las creencias personales sobre la capacidad para lograr un determinado objetivo. Varios estudios han hallado que un buen nivel en esta variable psicológica se relaciona de forma positiva con el éxito al inicio del tratamiento y ese éxito favorece, a su vez, la autoeficacia, retroalimentándose. Sin embargo, parece que esta relación disminuye con el tiempo, lo que podría explicar por qué en algunos casos se vuelve a recuperar peso.

Como cualquier otro aspecto de la salud, hay que conocer bien los mecanismos que influyen en ella para trabajar día a día en busca del resultado satisfactorio que mucha gente viene buscando atención profesional a nuestras consultas”.

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